Empezar con una metáfora puede ser arriesgado. Pero a veces es la única forma de capturar algo que el lenguaje directo no consigue. En septiembre de 2024, Inmaculada González Imbernón usó la imagen del lobo y las ovejas para introducir una reflexión más profunda sobre las decisiones empresariales y la imperfección humana.

El punto central no era el rebaño ni el depredador: era la honestidad que se necesita para reconocer que en los negocios nos equivocamos, que tomamos decisiones con información incompleta y que el error no es una señal de fracaso, sino una parte inevitable del camino.

Equivocarse no es fracasar. Es aprender de una forma que no olvidarás.

La cultura que evita el error a toda costa es también la que pierde la capacidad de innovar. Las empresas más resilientes son las que normalizan el aprendizaje constante, incluido el que viene de los tropiezos. Inmaculada anima a no tener miedo a decidir, aunque la decisión no sea perfecta.