Un paseo nocturno por la Avenida Alfonso X el Sabio en Murcia lleva a Inmaculada González Imbernón a reflexionar sobre la complejidad, las Siete Partidas, los cierres contables imposibles y esa tendencia tan humana de sofisticar lo que podría ser simple. Nada es casualidad.
Buenos días ☀️ Anoche, paseando por la Avenida Alfonso X el Sabio en Murcia, acabé —casi sin darme cuenta— caminando también por mis propios pensamientos.
Y como suele pasar cuando una va sin prisa (y quizá demasiado en su cabeza), me vino una frase atribuida a Alfonso X el Sabio 👇
"Si Dios me hubiera consultado en la creación del mundo, le habría sugerido algo más sencillo."
No pude evitar sonreír. Porque, en el fondo, ¿quién no ha pensado eso alguna vez? Del mundo… y de paso de una ecuación imposible, de un Excel que no cuadra o de ese cierre contable que decide complicarse justo cuando creías tenerlo todo bajo control.
Caminando, pensaba que quizá no es que las cosas no puedan ser más sencillas… es que tenemos una habilidad especial para sofisticarlas. Les añadimos capas, matices, supuestos, excepciones… hasta que lo simple se convierte en digno de tratado medieval.
Y pensé también en él, en ese rey que no solo gobernaba, sino que intentó ordenar el mundo a su manera: impulsando leyes como las Siete Partidas, promoviendo la ciencia, la astronomía y algo tan revolucionario como escribir en lengua romance para que el conocimiento fuese accesible. Quizá no simplificó el mundo… pero sí intentó hacerlo más comprensible.
Y justo en ese momento, me crucé con una procesión. Silencio, orden, ritmo. Todo avanzando con una lógica casi perfecta. Y pensé que nada es casualidad. Ni los paseos sin rumbo. Ni las frases que aparecen en el momento justo. Ni esos recordatorios —a veces disfrazados de tradición— de que lo complejo también puede tener estructura, sentido… y hasta belleza.
Quizá no se trata de hacerlo todo más sencillo. Quizá se trata de entender mejor qué estamos complicando de más. Y eso, curiosamente, también cuadra. 📚
Inmaculada González Imbernón